Robadora

  • catalana con un toquecito posh; el "elegante pero informal" perfecto
  • c/ d'en Robador 18 (Raval)
  • el costillar Duroc. ¡Hasta los huesos quedan tiernos!

Los auténticos vicios y placeres de calle Robadors

Por mucha Filmoteca y mercadillo que pongan, la calle Robadors será siempre la calle de las putas. Esto es así, aunque puedo decirlo con un poquito más de diplomacia citando al personaje de Bill Murray en la película St. Vincent y hablar de la calle de las “las damas de la noche” (que en este caso trabajan también de día).

Famosa por su mala fama, por esta calle y sus portales han pasado numerosos distribuidores de “químicos” e incontables “mercaderes” expertos en el frenético negocio de la toma de bolsos y carteras; un tipo de público que, durante años, poco ha invitado al desarrollo económico-legal de este céntrico lugar.

Hay una esquina de Robadors que esta plagada de vicios y placeres, sí, ¡yo misma me he enganchado y acudo a menudo a saciar las exigencias hedonistas de mi cuerpo! Pero las cosas no son lo que parecen: en esa esquina los auténticos vicios y placeres son patatas bravas con espuma de allioli y romesco, un costillar de cerdo tan tan taaan tierno que se pueden comer hasta los huesos (de verdad), una pata de pulpo a la brasa sobre un cremosísimo parmentier con una fina capa de tocino por encima, unas croquetas de rabo de toro hechas con la receta del antiguo y mítico casa Leopoldo, unas albóndigas con sepia y setas de las que he llegado a pensar que son alucinógenas y unas torrijas perfectas, finas y guarrillas a partes iguales, de las que te llevarías a la cama y al altar.

Te aviso, basta que pruebes la Robadora una sola vez para engancharte. Nos vemos en Foodies Anónimos.

 

 

 

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